31 de enero del año 2020, Isla de La Gomera, (España), un paciente ingresa en el hospital insular, siendo el primer paciente de COVID-19 en el país. Éste llega de Alemania, donde tuvo contacto con un infectado por el que por ese entonces era “el virus de Wuhan”, allí, se supone que empezó todo.

Dos meses después, exactamente el 31 de marzo, más de 900 personas fallecían en España a causa de esa patología, lo que nos llevó tan sólo quince días antes, a decretar por Ley un confinamiento domiciliario, que se extendería por dos meses y medio más. Las consecuencias: tiendas, bibliotecas, universidades, pero sobre todo centros de ocio, bares y restaurantes, el alma del país, cerrada a cal y canto.

¿Las soluciones? El paquete de soluciones acordado por el poder político fueron los ERTES, Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, una suerte de despido temporal por el que el propio estado asumía la nómina de la empresa pagando al trabajador los meses en los que este no podía trabajar por la restricción. En la otra cara de la moneda, el empresario, el cual percibe una prestación extraordinaria por cese de actividad, la cual cubre su salario, pero difícilmente llega para aguantar meses y meses sin clientes y los gastos extra, como los derivados de la reanudación de la actividad.

Con todo ello, el país se enfrentó a un difícil verano descafeinado, donde reinaron las medidas de “distanciamiento social”, y el sector turístico quedó ampliamente tocado, debido fundamentalmente al miedo de la gente por contagiarse con acciones tan cotidianas como coger un avión o un autobús o, sin ir más lejos, irse de cañas a un bar.

Sin embargo, el tiempo pasó, y los mensajes emitidos por el Gobierno dieron la sensación a los habitantes de una falsa tranquilidad, ya que, según el Ejecutivo, en ese tiempo “habíamos vencido al virus” “salíamos más fuertes” y estábamos preparados para “la nueva normalidad”.

Sin embargo, la realidad acabó dando la razón al escéptico, y se demostró que ni “habíamos vencido al virus”, ni “salíamos más fuertes”, por lo que la red sanitaria pronto empezó a colapsar de nuevo; primero fueron los pequeños centros de salud, posteriormente la presión se trasladó al ámbito hospitalario, situándonos de nuevo en aquello que parecía olvidado.

Y en este panorama es en el que nos movemos actualmente, con los contagios de nuevo disparados, contándose en decenas de miles al día, con un número notable de muertes que se sitúa entre 150 y 200 diarias, algo que ha hecho que, nuevamente se decrete un confinamiento, sólo que ahora restringido a una franja horaria (situada entre las doce y las seis de la mañana), lo que no quita para que no se produzca una vez más, una contracción de la economía que no haga pensarse seriamente en un cambio del modelo productivo para salir de esta crisis.

¿El problema según el Gobierno? España tiene una cultura muy turística, chiringuitos, sol y playa dominan las costas y en el interior son los bares y restaurantes los que llevan la voz cantante. Entre medias, las discotecas y el ocio nocturno, el renacer de la movida madrileña que dirían algunos, o las incansables fiestas Ibicencas conforman el panorama nacional.

A poco que pensemos, podríamos tener una situación catastrófica si nos vemos abocados a decretar un nuevo confinamiento domiciliario, teniendo en cuenta que en algunos casos aún no han sido abonadas las prestaciones de los ERTES del pasado confinamiento, los problemas que conlleva la reapertura y la necesidad de que la gente acuda a los locales nuevamente, para que los hosteleros puedan retomar la actividad (necesitándose las garantías suficientes de que todo ello se puede hacer sin incrementar los contagios), amén de los problemas psicosociales que una nueva situación podría provocar en una sociedad profundamente tocada en lo económico.

Por todo ello, el Gobierno, y varios sectores trabajan desde hace bien poco en reconvertir el modelo productivo para paliar los graves efectos que esta y otras crisis anunciadas, que ahora, – después de la llegada del nuevo coronavirus, se hace más palpable su alto riesgo.

Sin embargo, hay algo en lo que los Gobiernos parecen no caer a la hora de hablar de la reforma del modelo productivo, y esa reforma, de un modo profundo, tiene que ver mucho con la propia configuración orográfica del país.

España, el país que ocupa la mayor parte de la Península Ibérica, es un país que tiene cierta forma circular, con gran contraste entre territorios; en el Norte, los montes de Galicia confieren a la parte Noroeste peninsular una orografía sin fuertes desniveles pero sin duda difícil de urbanizar y conectar debido a los constantes vaivenes geológicos que nos encontramos, más a la derecha, ya en el Norte puro, la Cordillera Cantábrica se hace manifiesta extendiéndose en una línea que se dibuja hasta casi el inicio de los Pirineos, fuerte macizo montañoso que nos separa de Francia.

Entre el Sistema Cantábrico y el Sistema Central, amén de los Montes de León, la meseta castellana cobra protagonismo con las grandes llanuras de tierra de campos situadas en el centro. Al Este peninsular, podemos observar a groso modo parte de las llanuras que se extienden hasta la costa, la zona desértica de Almería y ya entrando en el sur, amén de Sierra Nevada, el fértil ecosistema andaluz que desemboca en la costa. Entre la Andalucía anteriormente descrita y nuevamente el Sistema Central (las imperiosas montañas que se levantan en el centro peninsular, conformados por cuatro sierras distintas; Gredos, Guadarrama, Somosierra y Ayllón), volvemos a encontrar una nueva meseta, esta vez la castellano-manchega, que se extiende a lo largo y ancho del centro-sur peninsular. Todo ello sin olvidar los 3167 km de costa, rica en playas, (todo ello sin contar los kilómetros que contienen los dos archipiélagos (Baleares y Canarias) y las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) todo ello situado con/en zonas de costa)

Por último, en el Oeste peninsular, nuestra vecina Portugal, no exenta tampoco de los problemas derivados de que España, a finales del S.XIX e inicios del S.XX, adoptara el tipo de políticas que vamos a enunciar a continuación y que son en buena medida, el obstáculo que hace cuestión imposible que un simple cambio en el modelo productivo pueda abocarnos a la solución definitiva del problema de la fragilidad de nuestro tejido empresarial y productivo, basado en el ocio y en el tiempo libre.

En efecto, España está configurado como un país de difícil orografía, las distintas vertientes geográficas, condicionaron las comunicaciones del país. Así puede verse, por ejemplo, en los primeros informes para la construcción y financiación de ferrocarriles españoles, que allá por el 1844 pronosticaron que por la “escarpada orografía peninsular” deberían utilizarse locomotoras más extensas y pesadas, por lo que era necesario un ancho de vía de mayor amplitud.

Ciertamente aquello fue la “primera piedra” del ancho ibérico, ancho de vía que predomina en España y Portugal, actualmente administrado por las empresas ADIF y REFER, respectivamente. Ello dio lugar a que en la actualidad (excepto las líneas de alta velocidad y pequeños tramos de ancho métrico en el norte de España) el resto de vías convencionales sea de un ancho distinto al internacional (que se da en el resto de Europa), lo cual provoca que nuestros ferrocarriles no sean compatibles con el resto de los ferrocarriles de nuestros países vecinos, y sea imposible establecer siquiera sobre el papel, planteamientos sobre comunicaciones férreas en nuestros países vecinos.

Pero no fue lo único que falló durante el desarrollo industrial español, pues el estado de la red viaria llegó a principios del S.XX en un estado lamentable, es por ello por lo que los gobiernos de aquél entonces, intentaban poner en fomento las obras públicas amparándose en el desarrollo de la automoción que sonaba con fuerza gracias a los avances en los motores de combustión.

Así pues, el 10 de febrero de 1926, se publica en la Gaceta de Madrid (el diario oficial del Gobierno de aquellos tiempos), y por Real Decreto Ley, la creación del Circuito Nacional de Firmes Especiales, el germen de la Red de Carreteras del Estado actual. Este circuito marcó hitos importantes tales como la construcción de unos 7000km de carreteras, aunque tales iniciativas serían posteriormente interrumpidas por la Guerra Civil española, que se desataría desde del año 1936 al 1939, con el triunfo del bando nacional y el alzamiento al poder del General Francisco Franco Bahamonde.

Pero quedémonos en lo principal, el trazado: este trazado inicial ya contemplaba una serie de vías radiales que tenían como punto de confluencia Madrid, la Capital de España desde el año 1559 a la actualidad, además de centro geográfico del país. Y es desde ahí, concretamente desde una placa situada en la madrileña plaza de la Puerta del Sol, desde donde parte el conjunto de las carreteras radiales, todos los kilómetros de todas las autovías y los números de todas las calles del país. Esta cuestión no sería mayor problema si no tenemos en cuenta los destinos de las mismas; importantes ciudades de la costa española.

Circuito Nacional de Firmes Especiales - Wikipedia, la enciclopedia libre

Y aquí señores, tenemos parte del problema. Los tiempos han cambiado, la globalización ha permitido el desarrollo de zonas que antiguamente se creían abocadas al éxodo rural y con ello, al fracaso.

Es cierto que España es un país que tiene multitud de recursos minerales sin explotar, sin embargo, no ha hecho falta echar manos de tales recursos pues la tecnología se ha desarrollado lo suficiente para encontrar vetas productivas a lo largo y ancho de nuestra geografía: por citar algunos ejemplos, el desarrollo de la energía termosolar ha hecho que se concentren miles de heliostatos en las vastas llanuras andaluzas, el aumento del flujo de hidrocarburos ha hecho crear plantas regasificadoras en la Ría de Ferrol o Huelva y el crecimiento de nuevas tendencias (algunas de ellas coyunturales, como la reciente crisis de la COVID – 19, de la que al inicio de este artículo hemos empezado hablando), ha hecho ver la luz a nuevos negocios antes impensables, como la reciente construcción de un centro de almacenaje, reparación y desguace de aeronaves en Teruel, llamado PLATA, que hoy por hoy es referente a nivel europeo en lo que a infraestructuras de este tipo se refiere.

Aeropuerto de Teruel | Post completo: Aeropuerto de Teruel. | Mikel Agirregabiria | Flickr

En efecto somos un país moderno, y somos ante todo un país con experiencia en cumplir los objetivos que nos planteamos, un buen ejemplo de ello son las energías renovables y el declive de la energía nuclear que tras varios años siendo la energía líder en producción nacional, hoy a penas ocupa el 20% de toda la energía que se consume a nivel nacional.

Sin embargo, para nuestra reconversión pecamos del problema de la centralidad. En efecto el país es autonómico y tiene un fuerte sentimiento de federalidad; cada autonomía tiene su propia capital, sus propios parlamentos, sus propias leyes autonómicas y sus propios organismos. Sin embargo, seguimos confiándolo todo a una red radial de carreteras, ferrocarriles e incluso, rutas aéreas que parten de Madrid hacia las más importantes zonas habitadas situadas en la costa. Por tanto, curioso es, que a la mayoría de ejemplos que he puesto anteriormente (la planta regasificadora de Huelva o el aeropuerto de Teruel), no haya carretera directa desde Madrid y haya que dar un amplio rodeo para llegar a ellas. Simplemente porque en Madrid se sitúa el centro de conexiones con el resto del país y sin ellas, el llegar o ir a los sitios puede hacerse bastante más complicado que sobre un simple papel.

Muchas veces se habla del nuevo éxodo hacia los pueblos, la crisis de la COVID-19 y sobre todo el confinamiento domiciliario, ha hecho plantearse a la gente que la vida en los pueblos, en la libertad de no tener vecinos “encima y a los lados” y sobre todo en la tranquilidad de los pueblos y la vida a otra velocidad que brinda el medio rural, es un lugar perfecto para trabajar, vivir y por supuesto, echar nuevas raíces de vida. Sin embargo, una vez más, toda esa gente se topará con que los destinos cercanos a las vías de comunicación importantes del país (en alusión nuevamente a vetusta planificación centralizada de la red radial, donde todo parte y va hacia Madrid), serán el foco de nuevas urbanizaciones, sin embargo, los lugares mas ajenos a estas vías, nuevamente se encontrarán sin planes de desarrollo adecuados que permitan a estas zonas crecer y desarrollarse a la par que el resto del país, lo que sin duda alguna ralentizará el cambio de modelo que tanto ansiamos, ya que en síntesis no genera flexibilidad de ningún tipo la existencia de tantas barreras al desarrollo.

Y aquí viene la conclusión más importante, para la reconversión productiva, antes de nada, en lo primero que deberíamos pensar es en crear una eficiente red de comunicaciones. Es por ello que se deben crear alternativas viables que conecten los distintos puntos de la geografía para hacer que las mercaderías, así como los transportes entre ciudades permitan la movilidad de manera rápida y eficiente. Se deben planificar y construir nuevas carreteras, mejorar las existentes y abrir nuevas rutas férreas de manera trasversal, repartiendo mejor y más equitativamente el poder y la influencia entre distintas zonas del país. Sólo así y únicamente así podremos promover la auténtica reconversión, que unívocamente llegará de la mano de las nuevas tecnologías, porque habría que aclarar el dogma existente en que, pese a que normalmente cuando se alaban las mejoras que estas nuevas tecnologías implementarán en nuestra sociedad existente, se “saca a la palestra”, los beneficios de la ubicuidad, debemos entender esta en términos relativos, es decir, para que esta pudiera darse en condiciones de libertad y seguridad, esta debería estar absolutamente respaldada permanentemente por la posibilidad, en caso de ser requerida, de poderse llegar de manera rápida a los diferentes puntos de la geografía, algo que hoy por hoy no se produce de forma proporcional en todo el país.

Esperemos que esta pandemia, con todo lo malo que nos ha traído, en relación a la multitud de pérdidas humanas y materiales que nos ha dejado, nos sirva para ser conscientes de que necesitamos a todos los niveles otro modelo de país que nos permita no solo detectar estos posibles problemas antes de que se produzcan, sino adaptarnos y reaccionar de manera ágil y rápida a los problemas venideros que se nos avecinen.

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